El Señorío de Jesús (Clase 3-1)

El Señorío de Jesús

Crecimiento 3
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El Señorío de Jesús: una revisión de vida para evaluar si ya Cristo ocupa el centro en ella...

 

El Señorío de Jesús (Clase 3-1)

Este fue un tema del Retiro de Iniciación (o Seminario de Vida en el Espíritu). Hoy lo desarrollaremos más para ver si en tu vida Cristo ya ocupa el centro, o si hay áreas que todavía necesitan ser liberadas del poder del pecado y entregadas a Jesús. Será como una revisión de vida, una evaluación.



Ahora Cristo forma parte de tu vida, el problema radica en el lugar que él ocupa. Muchos de ustedes acaban de comenzar una vida en Cristo, pero otros han crecido en la Iglesia y el Señor ha estado en sus vidas desde hace ya mucho tiempo. ¿Qué lugar ocupa Cristo en tu vida? ¿Ya tiene el control total o solo en parte?

 Durante toda tu vida, tú o tus cosas estaban en el trono. Jesucristo estaba en tu vida, pero no en el control de ella. Tu vida se centraba en ti; puede haber sido una vida bella, una vida feliz; pero la dirigías tú, tú eras la autoridad. Un día, le pediste a El que tomara posesión del trono y te quitaste de el. Ahora tu vida entera se centra alrededor de Jesús. Así que ¿quién eres tú? Alguien cuya vida está bajo el señorío de Jesucristo. Por haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo, te has quitado del trono de tu vida y has puesto en él a Cristo. 

Pero, para que Jesús sea Señor, se le tienen que rendir todas las áreas y aspectos de la vida. Hay que abrirle todos los rincones de nuestro corazón y permitirle que al entrar en ellos, los inunde con su luz. Jesús no pide mucho. Jesús lo pide todo. El no se contenta con formar parte o ser un aspecto de nuestra vida. El quiere ser el centro único de nuestra existencia. O todo o nada. O frio, o caliente, pero no tibio. A los tibios los vomita de su boca (Cf. Ap. 3,15-16).

Imagínate que tú eres el dueño de una casa con muchas habitaciones. Un día invitaste a Jesucristo a tu sala y estas feliz de tenerlo como invitado en tu casa, pero El, no permanece en la sala. Camina por la casa, entrando a todas las habitaciones.

Tú estás sorprendido, perturbado, intranquilo; entonces viene la crisis. El pone su mano sobre la perilla de una puerta, la puerta con llave de un closet, que no se abre. El se vuelve hacia ti para que le abras el closet que está cerrado con llave.



Esa casa es tu vida. Ese closet con llave es un área secreta de tu vida que has determinado mantener bajo tu propio control. Mientras mantengas la posesión de ese closet, Tú eres el amo de tu vida. Cuando abras esta puerta a Jesucristo, El se convertirá en el Señor de tu vida.

Cada uno de nosotros tiene una clase de closet diferente; pero cada uno de nosotros, tiene esa área cerrada, que no queremos abrir a nadie, y menos entregar la Llave.

Jesucristo es nuestro Señor totalmente o no lo es. Por lo tanto necesitamos ser francos con nosotros mismos, y preguntarnos: ¿Cual es nuestra situación real? ¿Es Jesucristo el Señor? ¿Le hemos pedido a El, realmente, fuertemente, tomar la dirección de todas las partes de nuestra vida?

Hoy es el momento de hacer un alto y revisar esa casa y ver cuántos closets están cerrados, bajo estricta vigilancia y con un gran rótulo que diga: "Prohibido entrar, propiedad privada". Ahí no entra, nadie, ni Jesús, porque solo tú tienes el control. Ese closet puede ser tu sexualidad, en la que mandas tú, y no Dios. Una sexualidad al margen de lo que Dios quiere. Te masturbas, sostienes relaciones sexuales ilícitas, caes en adulterio, en fornicación y otras cosas de la carne sin permitirle a Jesús que tome el control de esa área.  Es un lugar secreto, con llave. Y ya dirás tú: "no pues, yo acepto todo del Señor, y voy a mis crecimientos, grupos de oración, retiros y lo que sea, pero mi vida sexual y lo que hago con ella lo decido yo". Cristo no es aún tu Señor, porque el que proclama y toma a Jesús como su Señor hace todo y solo lo que su Señor le manda hacer.

Ese closet puede ser también tu forma de vestir o de hablar. Si Jesús es tu Señor y es el que tiene el control de tu vida y tus actos, entonces deberías consultarle siempre antes de hacer algo o tomar decisiones. Cada vez que vas a comprar ropa deberías preguntarle a Cristo si está bien lo que comprarás. Imagínate una señorita comprando una minifalda, preguntándole al Señor: ¿Jesús, te pondrías esta minifalda?... ¿Cuál sería la respuesta de Jesús? Cada vez que vas a decir una gran grosería, una "palabrota", pregúntale a Jesús si eso está bien, si él la diría también.

Para algunos, ese closet puede ser alguna adicción: el alcoholismo, el cigarrillo, las drogas. Incluso puede ser las malas amistades que te inducen a caer en esos vicios las que no has querido entregarle al Señor y sigues reuniéndote con ellos y asistiendo a los mismos lugares de antes.

Ese closet puede ser tu economía, tu dinero. Hay personas que deciden proclamar a Jesús como su Señor, pero que el dinero no se lo toque nadie, ni Jesús. Comienzan a perseverar en la Renovación Carismática, todo muy bonito, con asiduidad asistiendo a todo, muy perseverantes y emocionadas; pero cuando de colaborar económicamente se trata, mejor se van. Jesús es su Señor de todo, menos de su dinero.

Tener a Jesús como Señor significa ser el servidor y que tu Señor decida por ti. Esto de ninguna manera anula nuestra personalidad o capacidad de decisión. Todo lo contrario. Se trata de hacer precisamente la decisión fundamental de que en adelante, sea Jesús quien tome todas las decisiones de la vida. No es, como algunos podrían decir, coartar tu libertad de decisión; de ninguna manera, tú, libremente decides dejar a Jesús que decida por ti. Cuando lo asumes a él como tu Señor, libremente le das a él el control de tu vida, de tus decisiones, de tus proyectos, de tus metas y de tu vida.

Si estás pensando en casarte o buscar novio o novia, ¿ya le preguntaste a Jesús si esa persona es la correcta, la que él ha elegido para ti o tú la has elegido porque así lo has considerado a bien?.

Has decidido proclamar a Jesús como tu Señor, y si es así, entonces debe ser Señor de toda tu vida: en la Iglesia, en tu casa, en tu trabajo, en tus estudios, en la calle, en el parque, en el bus, en el deporte. En todo... No puedes ser siervo de Cristo y tenerlo a él como tu Señor solo en la Iglesia, y luego irte a la discoteca y entregarte al mundo. No puedes ser cristiano solo en la Renovación Carirsmática  y tener a Jesús como tu Señor solo en la Iglesia, pero en la cancha de fútbol ponerte al mismo nivel de cualquier persona del mundo gritando groserías e insultando a tus rivales. No puedes tener a Jesús como tu Señor y alabarle y cantarle muy bonito aquí en la Renovación y en la Iglesia, pero luego sales y comienzas a decir palabrotas propias del mundo, y hablar con tus amigos las mismas obscenidades de las que hablabas antes. Con la misma boca con la que alabas y cantas a tu Señor no puedes proferir palabras soeces. Con la misma boca con la que bendices no puedes maldecir, si verdaderamente Cristo es tu Señor.

Cristiano no es el que tiene una imagen de Jesús en su casa o en su cuello, sino el que es una imagen de Jesús en su casa y fuera de ella. Cristiano no es el que dice con su boca: "Señor, Señor", sino el que realmente vive haciendo la voluntad del Padre de los cielos (Leer Mt 7,21)

Si de alguna manera se pudiera sintetizar o describir la experiencia de la Renovación Carismática y de todo convertido al Señor, seria con las frases: "Jesús es mi Señor", "Jesús es nuestro Señor", hechas realidad.

La diferencia fundamental entre un cristiano y otro que no lo es, aunque se diga tal, es que el pagano habla, se divierte, piensa y vive según los deseos de la carne, con los criterios mundanos y haciendo siempre su propia voluntad.

El cristiano, por el contrario, vive según la voluntad del Señor, regido por los valores del Evangelio, con los criterios de Cristo y al impulso del Espíritu. Y no es que el cristiano deje de divertirse, al contrario, cuando Cristo toma el control de tu vida y realmente lo dejas ser tu Señor, entonces te darás cuenta que la alegría que el mundo te ofrece es nada comparada con la que el Espíritu Santo te da. La alegría del Espíritu sobrepasa el dolor, el llanto y la desesperación que inevitablemente te harán sucumbir si quieres divertirte como el mundo te lo ofrece.

No basta que Jesús sea nuestro Salvador. Es necesario que llegue igualmente a ser nuestro Señor. De otra manera queda incompleta su obra salvífica.

A estas alturas de tu proceso de crecimiento, hoy haz un alto y evalúa qué tanto es Jesús tu Señor. Haz una lista de todas aquellas cosas que aún no le has entregado a Jesús, de todos esos closets de los cuales tú tienes la llave y los mantienes cerrados, sin dejar que Cristo entre en ellos a tomar el control. 

 

TAREAS

  1. Durante esta semana, en tu oración personal, si ya sabes qué áreas de tu vida no le has entregado a Jesús, comienza a entregárselas. Si no encuentras esas áreas, pide al Espíritu Santo que, con su luz, ilumine tu vida y te indique esos closets que aún están cerrados, para que puedas dejar entrar ahí a tu Señor.
  2. MEMORIZAR: ""Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filipenses, 2, 10-11).
  3. Leer el capítulo 1 del Evangelio de San Juan, para compartir con tu grupo de reflexión el próximo domingo.


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